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PDJ: Invitación a “¡Venid y ved!”

1 November 2009 No Comment

Bienvenido a nuestro Diario de conversaciones con Jesús, el Hijo de Dios, Quien nos invita a llamarle y a esperar Su respuesta. Él dijo: “Me invocará y Yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: lo libraré y le glorificaré” (Salmos 91:15).

Él vino al mundo para mostrarnos el amor de Su padre (San Juan 3:16) y a dar Su vida por nosotros, ¡por ti y por mí! No solo murió por nuestros pecados, sino que “Ha resucitado” (San Mateo 28:6) y “Vive siempre para interceder por nosotros” (Hebreos 7:25).

Ha resucitado y vive siempre en el corazón de aquellos que “lo recibieron” (San Juan 1:12). Si tú aún no has experimentado Su presencia en tu corazón, puedes recibirlo ahora pidiéndole sencillamente que perdone tus pecados y que envíe Su Espíritu para que “esté contigo para siempre” (San Juan 14:16).

Jesús está aquí mismo, a la puerta de tu corazón, esperando que la abras y que le invites. Dijo: “He aquí, estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré en él y hablaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Hablar con Jesús es lo mismo que hablar con Su Padre que está en los cielos. Él dijo: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (San Juan 14:9), pues “El Padre y Yo uno somos” (San Juan 10:30).

Te ama con ternura y te está invitando a establecer una relación personal con Él, para que hables con Él y Le escuches, y te de las soluciones a tus interrogantes. Te hablará al corazón y te dará Sus “palabras de vida eterna” (San Juan 6:68).

Escucha lo que te está diciendo en las siguientes “Palabras de Jesús”:

Ven a ver lo que haré en tu vida si tan solo tienes fe para dejar lo que estás haciendo y seguirme en el aposento de comunión personal conmigo. Ven y siéntate a Mis pies y aprende de Mi, que soy el Maestro de tu vida y el Capitán de tu barco, y te ayudaré a navegar en las profundidades del mar por las que nunca imaginaste que cruzarías. No tienes por qué vivir una vida sin sentido ni propósito, porque “Yo he venido para que tengáis vida y para que la tengáis en abundancia” (San Juan 10:10) y quiero que experimentes la plenitud de Mi gozo.

“Estas cosas os he hablado para que Mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido” (San Juan 15:11).

El gozo no es una utopía imposible de alcanzar pues Yo lo he prometido. Lo único que te impide obtenerlo es tu propia incredulidad. Esa es la plaga que lleva afligiendo al mundo durante siglos, ya que aunque hay muchos que claman creer en Mi, viven sus vidas sin la plenitud del gozo que Yo ofrezco por la sencilla razón de que no creen en Mis Palabras: “Pedid y se os dará, para que vuestro gozo sea cumplido” (San Juan 16:24)

Hay gente que pide y no recibe por la sencilla razón de que no estiran la mano de su fe para alcanzar y agarrar lo que les corresponde. Me has escuchado bien; es tu “derecho” como “hijo de Dios” (San Juan 1:12), creado por el Padre para Su deleite, alcanzar la plenitud de Mi gozo.

“Porque Tú creaste todas la cosas, y por Tu voluntad tienen ser y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11).

¿Te preguntas cuál es el deleite de Mi Padre? Te puedo asegurar que es compartir contigo Su Reino y hacerte partícipe de las glorias que ha preparado para aquellos que fueron “predestinados para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de Su voluntad” (Efesios 1:5).

“No temáis; pues al Padre ha complacido daros el Reino” (San Lucas 12:32).

El Reino de Dios no es algo que no puedes tener hasta que cruces a la otra vida para disfrutarlo, como a muchos les han enseñado, pues he dejado claro en Mi Palabra que: “He aquí, el Reino de Dios está dentro de ti” (San Lucas 17:21).

Puedes hallar todas las glorias que he prometido en Mi Palabra en el reino que está dentro de tí, si Me has recibido, pues “Yo soy la puerta: el que por Mi entrare será salvo, y entrará y saldrá y hallará pastos” (San Juan 10:9). Puedes acceder a las realidades de Mi Reino y encontrar pastos y “descanso para tu alma” a cualquier hora si “vienes a Mi” (San Mateo 11:28). No tras haber muerto, sino aquí mismo, en la Tierra. ¡Pruébalo y verás!

¡Venid y  ved!” (San Juan 1:39)

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